Depeche Mode y The Killers hacen bailar a Bilbao

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Depeche Mode y The Killers hacen bailar a Bilbao

En euskera, el idioma vasco, mendi significa monte, y Kobetamendi, ( el monte) Kobeta es el escenario del BBK Live. Y eso es lo primero que impacta apenas uno llega a este festival que ya va por su décimo segunda edición y está muy bien posicionado en el calendario de festivales rockeros que ofrece el verano europeo. Una ondulante geografía montañosa, tapizada en todos los matices del verde y marrón, que deja ver ahí abajo la ciudad de Bilbao iluminada y atravesada por el río Nervión.

Más allá de un ecléctico cartel que ofrece propuestas para todos los gustos -70 bandas en 3 días-, las dos primeras jornadas tuvieron dos actores protagónicos: Depeche Mode, el jueves, y The Killers ayer. A los asesinos de Las Vegas les tocó lluvia; el barro ni se acercó al “nivel Woodstock” y los 40 mil fans parecían fieles agradecidos empapados de agua bendita. El principal responsable de la euforia era su cantante Brandon Flowers, lookeado como un Bowie de Las Vegas con su impecable traje negro, con solapas bordadas en lentejuelas multicolores.

Dicen que los mormones creen que Dios tiene cuerpo humano. Flowers es mormón y está claro que es recibido como un enviado del Señor sobre la Tierra, a juzgar por el magnetismo instantáneo que irradia desde el escenario apenas arrancan a ritmo de Mr. Brightside. Su rostro se ilumina especialmente cuando encaran Spaceman. Y un rato después regalan un guiño al pasado para nostálgicos con el cover de Joy Division, Shadowplay, condimentado con coritos bien pop, marca registrada de la casa.

“A mí su música siempre me pega un subidón de energía”, dirá Maica, que se vino desde Sevilla con unos amigos, y está instalada en el camping vecino (10 euros por persona por cuatros días). “No importa que estés triste, tío, escuchas a los Killers y te dan ganas de cantar. Llevo diez años esperando este momento”, sentencia, ensopada de felicidad. La lista también incluyó Somebody told me, Smile you mean it y un estreno, The man, anticipo de su nuevo CD, con un sonido que evoca a Talking Heads, respaldado por coros femeninos. Y para el final, hits imbatibles como anchos de espadas: todos saltan, todos cantan Human, sube la intensidad Runaways y quedan exhaustos con When you were youngs.

Una noche antes, lo dicho, el pico lo marcó Depeche Mode que, puntualmente, sobre las 22.40, se hizo sentir con esa batería marcial y sorda bien al frente, apoyada en un colchón de teclados, la voz inconfundible de Dave Gahan y las guitarras de Martin Gore. Presente sin estar, habrá que mencionar también al fotógrafo y cineasta holandés Anton Corbjin, responsable como siempre de la estética escénica de la banda británica. Empiezan con Going backwards, seguido de Barrel of a gun (un recuerdo de “Ultra”, la placa de 1996). La fiesta va tomando temperatura en serio con In your room, encadenada con World in my eyes y la espacial Cover me, del reciente “Spirit”.

Para cuando suena Where’s the revolution, Grahan ya se cambió uno de esos chalecos que tanto favorecen a sus tatoos (el tema conecta con el guiño inicial a los Beatles, ya que el show se inició con Revolution, del “Álbum Blanco”, a modo de intro). El monte, a esta altura, es una disco ochentosa a cielo abierto, con gente que no para de bailar. Iñigo, un baqueano local cincuentón de pelada brillante de sudor, se sabe cada una de las letras, y aclara: “¡Hombre, cómo no saberlas! A lo’dePÉche –lo dice así, todo junto y en fonética- los sigo desde siempre, de cuando era un chaval. Para mi fortuna, esta es la tercera vez que suben al monte y siempre he estado aquí pa’verlos”.

Enjoy de silence marca un punto de inflexión en el set. Lo encadenan con Never let me down again y dos clásicos de clásicos: Walking in my shoes y I feel you. Todo parece haber terminado. El show ya promedia la hora y media y la jornada, que arrancó sobre las 5 de la tarde, se nota que ha estado bien regada de cerveza. Imposible -pese a la insistencia del cronista- saber cuánto puso Heineken para ser main sponsor de la fiesta, pero está claro que además del posicionamiento de marca y de convertir la presencia acá en toda una experiencia, su producto se consume y mucho: estiman 70 mil litros a lo largo de las tres jornadas. A propósito, con ojos argentinos, no se puede dejar de destacar que, así y todo, hasta ahora no hubo un solo incidente. Y eso que tomaron, eh…

Volviendo al escenario principal, al final llega Jesús, claro… Personal Jesus. La masa, un río de cabezas (¿aplastadas por el mismo pie? No.) estrellado de teléfonos celulares, ondula y corea como un himno generacional “¡Reach out and touch faith!” que hace eco en la montaña. Nada que ver, claro, con esa versión en carne viva del último -¡el mejor!- Johnny Cash. Esto es como volver a los ’80, al reino del tecno pop que Depeche Mode ayudó a definir como pocos. Hoy termina todo, con Primal Scream como plato fuerte. Y una espera ansiosa para los amantes de los ’60 por ver cómo Brian Wilson y sus chicos de la playa defienden en vivo “Pet Sounds”, esa obra cumbre de la música, a 51 años de su grabación.

Fuente: Clarin.com