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«Hacelo por mí»: el hit que compitió en TV con «Ritmo de la noche»

uimos presos de un impulso, yo solo buscaba amo-o-o-o-or». Del Norte al Sur del país sonaron a comienzos de los 90 estas y otras líneas de un tema que tardó poco en convertirse en un clásico, «Hacelo por mí», grabado 30 años atrás por Attaque 77 para El cielo puede esperar, uno de los álbumes de punk-rock más vendidos de Latinoamérica.

De espíritu ramonero y con una letra que apunta al desamor, la canción que quizás menos representó la esencia de la banda fue su mayor hit y supuso el desembarco de sus guitarras y actitud combativa en lugares impensados para un género de nicho. En las ciudades y en los pueblos, en la radio y en la televisión, en las fiestas y en los walkmans: «Hacelo por mi» se reproducía en cada rincón.

Su éxito masivo se disparó tras ser escogida como cortina musical del programa homónimo que Mario Pergolini conduciría por Canal 9, y ese boom tuvo, para unos por entonces jovencísimos Mariano Martínez, Ciro Pertusi, Leo De Cecco y Adrián «Chino» Vera – integrantes de aquella formación-, su lado dulce y un costado menos amable.

«Íbamos a cualquier programa y nos pedían que tocáramos ‘Hacelo por mí’. ¡Pero si está sonando todo el tiempo! Ibas al baño y sonaba, era un delirio ya. Lo disfrutamos muchísimo, pero en un momento era mucho vértigo», expresa De Cecco en el recientemente estrenado documental El cielo puede esperar. 30 años, dirigido por Nicolás de los Santos.

La exitosa melodía y el disco sumergieron a los músicos en un «sueño» que abarcó giras desde Paraguay a Tierra del Fuego, dobletes diarios de shows, el debut en Obras, discos de oro y platino y el rol de teloneros de su mayor fuente de inspiración, los Ramones, así como de otros padres del género como Iggy Pop y los Sex Pistols.

El brutal salto a la popularidad llevó a aquellos jóvenes de gafas oscuras y guantes de dedos cortados que se negaban a comulgar con lo que se esperaba de ellos a tomar decisiones, como la de obviar, en acto de rebeldía, la canción de sus repertorios en vivo durante algunos años.

Las barbas crecieron y la elección de una senda propia convirtió a aquellos «chicos desobedientes» en «adultos convencidos», opina Mariano Martínez tres décadas después.

Juanchi Baleirón: «La banda estaba súper inspirada»

Ciro Pertusi, la voz de Attaque por aquel entonces tras la pronta salida de su hermano Federico, cuenta en el documental que en una ocasión Mariano Martínez (guitarra), llegó a la sala donde ensayaban en el barrio de Flores y se bajó del colectivo con la melodía de «Hacelo por mí» en la cabeza, a la que él le sumó «una parte más ramonera».

El cielo puede esperar fue el segundo disco del grupo tras Dulce Navidad (1989), ambos editados por Radio Trípoli Discos, y contó con la producción del guitarrista de Los Pericos, Juanchi Baleirón.

«En el momento de componer esa secuencia de acordes muy simple, que tiene que ver con canciones como «7-11», de los Ramones, Juanchi se puso a construir capas de guitarras para que sonaran con ese carácter y sin que fuera punk extremo», cuenta Martínez.

Ciro recuerda que, en ese momento, en la escena argentina reinaba el pop, con baterías y voces al frente y sin el protagonismo que en su caso tuvieron las guitarras. En el disco, apunta Mariano, «hay unas seis guitarras por canción, con arreglos, punteos, acoples. A Juanchi le gustaban los Ramones igual que a mí y en ‘Hacelo por mí’ hay un laburo de guitarras con melodías muy armonizadas que recuerdan a esas baladas».

En el documental, Baleirón opina que estos nuevos sonidos llegaron de la mano de una banda «que estaba súper inspirada». Era el inicio de la dupla compositiva Pertusi-Martínez. «Mariano empezó a proponer y ahí están dos canciones emblemáticas, ‘El cielo puede esperar’ y ‘Hacelo por mí’. Se estableció una fórmula: Mariano me lo pasaba tocado en vivo cantando como en un inglés de mentira y yo me inspiraba en esa fonética para encontrar cosas al vuelo y armar una fantasía. Pocas cosas fueron puramente autobiográficas. ‘Hacelo por mí’ se basa en una historia que había tenido Mariano», cuenta Ciro.

La letra, según Baleirón, «tenía una redondez en la estructura. Era muy ramonera, apuntando a un Road to Ruin (1978), a esa sonoridad, a los temas lentos de ese disco como «Needles and Pins» o «Questioningly»».

Si bien para todos fue una sorpresa la repercusión que alcanzó la canción, Pertusi cree que desde el comienzo el tema «tenía magia» y cuenta en el audiovisual que la banda sabía que ahí «había algo», ya que a los amigos que se acercaban al ensayo «les gustaba» y les pedían que lo tocaran. Adrián Vera, quien pasaba a ocupar el lugar de Ciro en el bajo, agrega: «Al tema se le dedicaron más horas y se le dio una potencialidad de hit: se nota en los teclados, la pandereta».

Baleirón dice hoy que veía a la canción más bien «como un tema del lado B, de los fans», aunque «al jugar más con las acústicas, coros y teclados, terminó siendo más fácil que sonara en las radios o fuera del agrado de aquel que no era fan del punk rock». Mariano señala la importancia de los teclados, que usaban por primera vez: «Hacia el final del tema, el órgano puso todo en otro lugar. Se abría un nuevo sonido».

La televisión y un objetivo: que su música llegara a los pueblos

Para Baleirón, el éxito fue la recompensa para unos jóvenes que pusieron «garra» temprana en una música sin futuro comercial. «El punk rock no era más que un nicho de un nicho, como lo era el reggae».

Con 60.000 discos vendidos y luego del Show en Obras comenzaron las conversaciones con Mario Pergolini para decidir si el grupo cedería o no el nombre al programa televisivo, que competiría con Ritmo de la noche, el otro gigante de la TV inspirado en el tema homónimo del grupo pop The Sacados, con Marcelo Tinelli al frente.

«Los directores de Canal 9, Romay y asociados, le proponen a su caballito de batalla, que era Mario, hacer algo para competir con Tinelli», cuenta Pertusi. Las opciones para dar nombre al programa eran «Sobredosis de TV», de Soda Stereo, y el éxito del momento, «Hacelo por mí».

«Con Mario teníamos una muy buena relación. Le gustaba la banda por las notas que habíamos hecho juntos y tiró por nosotros, porque nos conocía, sabía de nuestros orígenes. Dijo: «Soda ya está fuerte, vamos a darle una mano a estos pibes»».

En los 90, los programas de los canales de aire eran una cita ineludible de los domingos por la noche. Así, en Hacelo por mí, el show televisivo, Attaque se ganaba en vivo el perfil de celebridad, señala Mariano, por entonces un joven de 20 años de Valentín Alsina que, como el resto, «no estaba preparado para lidiar con eso».

La lógica, explica Pertusi, hubiese sido pedir un dinero por el uso del nombre y las repeticiones del tema en Sadaic. ¿La otra opción? La que eligieron: tocar en vivo y aprovechar la pantalla para que su música llegara a todo el territorio nacional. «A Mario le gustó mucho la humildad de no decir: «dame tanta plata, sino dame trabajo»», recalca el bajista y cantante. «Pasamos de tocar en el Parakultural o en Cemento a estadios en el interior con miles de personas. Cuando venía ‘Hacelo por mí’ era una explosión, todavía estamos tratando de entenderlo», reflexiona el guitarrista.

Mariano Martínez: «La canción casi nos devora»

Andrés Vignolo, que se desempeñaba como manager en ese momento, remarca que el grupo fue número uno. «Estaba por arriba de los Redondos, de Divididos, de todos», sostiene.

«A nosotros no nos vino nada del cielo, nuestro pasado fue muy jodido», afirmaba en los 90 Martínez en un show en La TV ataca ante un público encendido. En medio de esa «attaquemanía», con fans siguiéndolos por la calle, llegaron los cuestionamientos internos.

La rebeldía en el ADN de la banda los hizo reaccionar. «La canción misma casi nos devora. Y tener que lidiar con esos conflictos. si sos o no de verdad o de mentira, sentíamos que teníamos que rendir examen. y éramos chicos», opina Martínez. En una emisión del programa de Pergolini, Ciro advertía al micrófono: «vamos a ir a Cemento y no vamos a tocar este tema, lo vamos a hacer por ustedes». Veían excesivo cantarlo en sus shows televisivos -sonaba en aperturas y cierres de bloques, de fondo- y tomaban revancha interpretando versiones distorsionadas del mismo o evitándolo en los shows.

El tiempo pasó, «la efervescencia bajó», señala Leo, y el grupo se reclutó en la sala de ensayos mirando con distancia el afuera. «Fue mucho tiempo dando explicaciones del por qué del éxito, ¿a quién y por qué dar explicaciones?», apunta el baterista.

«Éramos el grupo del momento con la canción de moda, ¿qué sigue después? Pasar de moda», señala Martínez y menciona la exigencia implícita para toda banda, aún siendo tan joven, de seguir superándose después del éxito. «Más allá de una experiencia de chicos, teníamos un objetivo musical. Después vino superar ese trauma y los siguientes discos, que por ahí se volvieron duros y agresivos, un poco por oposición a todo eso, puede ser, pero retomamos nuestra evolución natural». Sin embargo, el cantante y guitarrista no niega que El cielo puede esperar nació en un estado de «inocencia pura» y lo recuerda como un momento de felicidad: «arrancar a grabar por diversión, hacer música con total ingenuidad y sin ninguna pretensión». Además del espíritu de la canción, quizás esa haya sido la clave del éxito.

Fuente: Cecilia Martínez / Clarin web

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